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Lugar de encuentro. En un mundo donde cada vez hay mas pasajeros y menos viajeros. Todas las fotografías de este blog pertenecen a su autor, menos aquellas que así lo indican.

12.18.2007

El Barrio Rojo


Estos días he visto en las noticias de yahoo que la ola de “civismo” que nos atacó como un tsunami en Barcelona, se extiende como mancha de aceite. Ahora es el alcalde de Ámsterdam el que quiere “limpiar” este famoso barrio.


Para los que no sepan de que hablo, el Barrio Rojo de la capital holandesa debe su nombre al color de las luces de sus escaparates. En esta ciudad está todo controlado al milímetro; la prostitución y las drogas tienen aquí su lugar y solo aquí. A lo largo del canal Oude Kerk y sus travesías se concentran multitud de hoteles, pensiones por horas, locales de street tease, cabarets, coffee shops, y tiendas de artilugios sexuales. Lo mas “novedoso” es que las muchachas se exhiben al público -que pasea tranquilamente por la calle- en una especie de vitrinas escaparate, las hay de todo tipo y de todos los tamaños, individuales y colectivas, incluso algunas están equipadas con un catre tras una delgada cortina. Al primer momento la cosa se presenta divertida, gente de todo tipo y muchos turistas que curiosean entre risas, pero cuando te introduces en las callejuelas la cosa se pone tensa, la proximidad de las chicas y la simpatía de algunas “acongoja” -muy jóvenes, bellas y de todas las latitudes- en alguna ocasión alguna abre la puerta y toma del brazo a algún apuesto galán intentando meterlo dentro.

Por cierto encontré una vacía,
con un cartel en perfecto castellano que decía;
se alquila.

Paula -una española- es la dependienta del Smart Store.
Me enseñó un pequeño peyote que estaba a la venta.

En el Barrio Rojo es donde se concentra la mayor cantidad de coffe-shops -hay en toda la ciudad unos 300-; son lugares para la compra y consumo de drogas “naturales”. Desde hace poco la legislación prohíbe vender bebidas alcohólicas, así que me quedé en las puertas, el intenso olor que se te pega en todos los rincones de la ropa no me atrae en absoluto. Yo no fumo nada, aunque la multa por consumir en la calle es de solo 30 euros. Donde si entré a curiosear fue en un Smart Store, allí hablé un rato con la dependienta que me mostró la extensa carta de hongos (goleen teacher, cubensis, amanitas…) y marías en semilla o bolsita (sensi, budda, super skunk, white widow, mazar, rox, etc), con su precios y su potencia, que hay que tener muy en cuenta si eres novato. Los hongos alucinógenos son/eran uno de los atractivos de esta ciudad, aunque parece que eso también va a cambiar.

Un florido escaparate.


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10.19.2007

Lugares acogedores y 3.


Cine en Haarlemmerstraat. Antiguo Puerto Oeste.

Callejeando por Ámsterdam, contemplando las fachadas asimétricas de sus edificios, -en esta ciudad no hay un marco de ventana o una puerta a noventa grados-, encontré un gran cartel anunciando el último film de Quentin Tarantino, era un curioso cine retro pero no pude comprobar su nombre, la fachada era idéntica que el resto de edificios de la calle, -es decir cada uno diferente- su entrada muy singular y el interior me hizo detener en seco, le pregunté a la amable taquillera y me dijo que era un cine de principios del siglo pasado y que podía pasar sin problema, di un vistazo a las salas –habían terminado la proyección de la última entrega de “Shreck” y estaba a punto de comenzar "Decoming Jane"- y me quedé en el bar bastante rato tomando una cerveza, un lugar con poca luz pero con muchas emociones contenidas, donde incluso puedes cenar alguna cosa ligera.



Cine Tuschinski. (1918-21). 26 Reguliersbreestraat.

Abrahan Tuschinski un emigrante judío polaco y hombre de teatro compró un solar a finales de la Primera Guerra Mundial en el centro de la ciudad, y encargó al arquitecto H.L.de Jong la construcción de este cine-teatro, con un estilo art decó mezcla de la escuela de Ámsterdam y el eclecticismo retro hollywoodiense. A pesar de que -como el anterior- también tuvo que ser dividido en varias salas reconstruyendo el decorado, la sala nº 1 es la que mejor conserva su espíritu inicial. Parece ser inspirado en un gruta y en este tampoco hay un centímetro cuadrado que no esté decorado; alfombras, tapices, vidrieras, lámparas y una iluminación cenital que cambia de colores.




¿En su localidad quedan aún antiguos cines-teatros como estos?
¿Alguno agradable para ir a cenar?


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10.16.2007

Lugares acogedores 2.

Bistro-Bar Bateau Ivre. Oranien Strasse. Berlín.

Una de las premisas que hacen que un lugar sea mas o menos acogedor es una buena iluminación. Nunca entendí esos establecimientos que hay que entrar con gafas de sol y una visera, me resulta tan molesto el exceso de luz, como algunos restaurantes modernos que hay que pedir un mechero para poder leer la carta. No es tan difícil, es cuestión de voluntad, de querer satisfacer al cliente o simplemente de darle un servició rápido y que marche lo antes posible. También es una cuestión de educación, como el volumen y tipo de música ambiental, unas veces parece que es premeditado y otras tantas lo es por definición, la música es así de horrorosa y estridente porque así lo han decidido el diseñador y el dueño.

El Café Smooth frente al Waag. Ámsterdam.

El café del FOAM- Fotografiemuseum.

El café del Anee Frankhuis.

Tanto en Berlín como en Ámsterdam hay locales de todo tipo, pero los “normales” priman sobre los “desastrosos”, usted puede escoger entre un café clásico de la casa en Starbucks o cualquiera de las encantadoras cafeterías con una gran carta de postres caseros para chuparse los dedos. Por ejemplo en LATEI brocante & espresso de la capital holandesa, usted puede cenar bien por 7 euros y comprar cualquiera de los curiosos objetos que hay en el local, empezando por las lámparas, -incluidas las de los servicios- o los cuadros, y también papeles pintados añejos, llaveros de todas las épocas, espejos, artilugios de plástico o cajas de metal, por muy poco.


LATEI brocante & espresso.
Curioso local cerca del Waag; el antíguo peso público.


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10.11.2007

Lugares acogedores.

Bar cerca de los muelles. Centro Ciudad Este.

Es muy común en el pelaje de los políticos y funcionarios que nos rodean, utilizar los mismos argumentos, cuando les apetece, en planteamientos contrarios y sin ningún rubor. Por poner un ejemplo claro y sencillo, abogando a la “modernidad” y el “progreso” dejar una ciudad sin tranvías, y volverlos a instalar al cabo de treinta años con el mismo preciso argumento. Lo que antes era una molestia para red vial, años después es la gran solución.

Un bar del Jordaan.

Así estamos acostumbrados a ver desaparecer lugares entrañables, económicos, cómodos, acogedores y sencillos, la apisonadora del progreso los convierte en lugares caros, feos e incómodos. Ya saben mi predilección por los bares donde se agradece estar, sobre todo en los viajes, lugar de reposo a mis largas caminatas, es aquí cuando vemos los diferentes caminos que podrían haberse tomado pero no. Ámsterdam es una ciudad que cuida mucho sus espacios de ocio y ya saben que en los lugares fríos, un rincón agradable y cálido es media vida.

Terraza del Café Dante en el Spui.

Dicen que los cafés allí se dividen en tres tipos o categorías: los cafés “oscuros”, viejas tabernas decoradas con madera oscura; los proeflokalen, parecidos a los anteriores, pero donde solo se toma licores fuertes, -no olviden que esta es la ciudad de la ginebra-, y por último los cafés más modernos con aspecto de diseño.
En los tres casos detenerse a tomar un café o una cerveza y admirar a los lugareños es un lujo, en algunos también se puede comer por muy poco dinero.

Café Restaurante del Hotel American estilo art déco. Leidseplein.


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8.06.2007

Ámsterdam una ciudad ociosa


Si algo transpira el ánimo de las gentes de esta ciudad, es su facultad para aprovechar el tiempo de ocio. Ya saben; el rendimiento del tiempo libre, organizarse para conseguir mas y mejor calidad de tiempo fuera de las obligaciones. Pero estar desocupado no es exactamente estar inactivo, esta el la ciudad de los patinadores, de los ciclistas y de los músicos de calle. Nunca he visto una ciudad con tantas librerías, hay 42 museos, 141 galerías, 40 cines, 1.400 cafés y bares para sus 1.100.000 habitantes.




Y así con la musiquita del piano de juguete de Martín, un checo que tocaba a las puertas del Rijksmuseum, me despido por unos días. La humedad aprieta aquí y el ruido del generador eléctrico no descansa nunca, voy en busca de otras luces y otras gentes, en breve les cuento.


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8.03.2007

Vincent y Ana.


La elección de Ámsterdam para el último viaje no fue muy premeditada, buscaba un sitio cómodo para pasear, donde no hubiera estado antes. El trabajo alimenticio terminó de repente y se me abalanzaron -una vez mas- las vacaciones. Una visita rápida a mi agencia de viajes preferida y en cinco días por allí estaba, de todas maneras hacía mucho que tenía una cita pendiente con Vincent y desde principios del 2006 con Ana.


Los dos encuentros fueron muy especiales, muy emotivos, intente que fueran el primer día nada mas llegar. El Van Gogh Museum esta muy cerca del hotel, así que tras dejar las maletas allí estaba yo, la mayor colección de obras de Vincent del mundo. Los girasoles (1889) nunca me han indeseado especialmente, pero su “Irises” (1890) me emocionan, esos lirios azules me ponen la piel de gallina. Y sobre todo sus autorretratos, -supongo que la mayor parte de mi obra fotográfica proviene de aquí-. Como colofón observar de cerca cada una de las pinceladas de “Campo de trigo con cuervos” (1890) es toda una lección magistral de vida.
Pequeña gran desilusión; el dormitorio de Arlés (1888) estaba retirado eventualmente.

Van Gogh Museum.


Leí el “Diario” de Ana Frank hace un par de años, cada día deseaba que llegara la noche para meterme en esa casa, con la familia y el resto de escondidos.
Tras visitar a Vincent caminé hasta Princengratht 263; Anne Frank Huis. Había una cola increíble, así que decidí volver otro día con mas tiempo.

Una hora exacta de cola hasta llegar a la entrada, es el museo mas visitado de la ciudad, en la espera me entraron algunas angustias y remordimientos, pero yo deseaba traspasar la entrada secreta de la casa de atrás, ver la habitación donde –como decía Paul Auster en uno de sus libros- “aquí había escrito Ana su diario”. El museo es simplemente perfecto, todo medido y cuidado hasta el último detalle, alejándose del típico trabajo “parque temático” del horror y sin entrar en sensiblerías ni golpes bajos. No hay muebles, no hay puesta en escena, las ventanas están cubiertas con telas que no dejan pasar completamente la luz para recordar como se vivía allí en la clandestinidad. Algunas vitrinas, algunos objetos, el primer diario de Ana, las fotos que colgó en la pared, los escalones gastados, el WC de cerámica decorada, el espejo del baño donde se reflejaban sus rostros cansados cada día.


El primer diario de Ana.

“La pequeña habitación de Margot y mía, sin nada en las paredes, tenía hasta ahora un aspecto bastante desolador. Gracias a papá, que ya antes había traído toda mi colección de tarjetas postales y mis fotos de estrellas de cine, puede decorar con ellas una pared entera, pegándolas con cola. Ha quedado muy, muy bonito”.
Ana Frank, 11 de julio de 1942.

Entrada secreta a la casa de atrás.
Fotografías tomadas de postales del Anne Frank Huis.


Y por supuesto una gran librería donde se vende un único libro, eso si, en casi todos los idiomas del mundo.
En la cafetería había una curiosa exposición de la fotógrafa holandesa Rineke Dijkstra -en esta ciudad hay exposiciones de fotografía por todas partes- Rineke se dedicó a visitar escuelas de diversas ciudades, haciendo retratos de muchachas de la misma edad que Ana al morir; Tel Avid, Pisa, Milán, Berlín y Barcelona. Casi todas reconocibles, especialmente las catalanas; una de la chicas lleva una camiseta con el texto; “La inteligencia me persigue pero yo soy mas rápido”.


http://www.youtube.com/watch?v=L1FdVTA8dvw (5.21)

Anne Frank nació en 1929, el mismo año que mi madre.
Si ambas vivieran tendrían ahora 78 años.

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8.02.2007

La ciudad de las bicicletas


Les conté antes de partir al norte, que era un viaje doble, ¿recuerdan? Pues antes de que el avión aterrizara ya había terminado de leer “El corazón de las tinieblas” de Conrad, y como me sucede siempre tras una obra enorme como esta, -a pesar de sus ciento y pocas páginas-, tengo que esperar unos días para poder meterme en otro libro, como si el cerebro tuviera de “renderizar” todo eso lentamente. Previsor me llevé un segundo librito mas ligero; “Historias de Piratas” de Daniel Defoe, pero eso ya lo contaré mas adelante.
Por cierto lo primero que hice al llegar a casa fue ir al video club a alquilar “Apocalypse Now REDUX”; esta última versión aún no la había visto. Así que después de Conrad se me apareció el trabajo de Coppola como simplemente genial, en cuanto tiene del libro y todo lo suyo propio.

¿Les suena? "Charlie don´t surf", (Charlie no hace surf).


El parking de la estación.

Si hay algo que caracteriza la ciudad de Ámsterdam son sus bicicletas, las hay a miles, unas 400.000 exactamente.
En el centro apenas hay tráfico y muy pocas motos, la mayoría de los motoristas van sin casco y los tranvías son cómodos y muy rápidos. Revisando el material fotográfico, es difícil encontrar fotos en las que no aparezca alguna, no es de extrañar que el problema principal sea aparcarlas y luego localizarlas, así sus dueños han aprendido a “tunearlas” convenientemente para poder distinguirlas, las hay de muy curiosas, de todo tipo, forma y color.


Frente al cine Tuschinski.

Encontré diversos establecimientos para que los visitantes las puedan alquilar -no hay que olvidar que la población de Ámsterdam es de 1.100.000 habitantes de 125 nacionalidades diferentes, pero tiene “6.650.000 visitantes al día y 3.800.000 noches de hotel por año de turistas extranjeros” -este dato me hace mucha gracia-.




Así encontré bicis de uno, de dos –los clásicos tandem- y hasta de seis y ocho personas, estas dos últimas toda una fiesta colectiva, la primera tenía sus dificultades para poner de acuerdo a todos los pilotos en las curvas, y la segunda era mas bien una barra ambulante, donde sus tripulantes pedaleaban mientras se ponían cerveza de la espina, en la barra conectada a un barril de fresca cerveza.

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7.31.2007

Vivir en un canal


Princengracht.

Los canales de Ámsterdam no solo están habitados por numerosos animalitos; percas, anguilas o gobios y un sin fin de especies de patos y gaviotas, garzas reales, palomas o ratoncillos, y murciélagos en primavera y verano, también hay muchas y curiosas casas flotantes.


Ustedes saben que los Países Bajos lucharon contra el mar para conseguir mas espacio habitable y cultivable, hoy los canales se pueblan de nuevas casas para conseguir espacio económico y diferente. Me contaron que alguien estaba pagando 500 euros al mes, por la habitación donde vivía en el centro, con cocina y baño compartidos.

Amstel.

Una red de canales en herradura circundan la antigua ciudad, en principio servían de alcantarilla y el agua sucia se renovaba una vez a la semana, hoy lo hace dos veces por semana en invierno y cuatro en verano, con aguas procedentes del río Ij.



Las principales casas flotantes –algunas simplemente barcazas adaptadas- se agrupan sobre todo en los canales periféricos como el Prinsengratcht o en el Amstel, tienen de todo; suministro eléctrico y de agua, su jardín –alguna hasta césped en el techo-, sus plantas –hasta árboles en macetas-, su buzón, y sobre todo sus rincones de descanso al aire libre. No he visto en mi vida gente mas tranquila y ociosa que esta.

Domingo por la mañana.

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